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DIARIO DEPORTIVO REGIONAL DE LA COMUNIDAD DE MADRID

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Entrevista a Carlos Gil, directivo de la E.D. Moratalaz responsable del área disciplinaria (Temporada 2015/16)

Autor:
22-10-2015
Carlos Gil /// fotos: Alejandro Posilio
 
“En esta Escuela deben primar otros conceptos diferentes al de ganar o perder”

Texto y fotos de Alejandro Posilio

Este profesional de los seguros dejó la Escuela hace un año por sus obligaciones laborales y acaba de reingresar en la junta directiva de la ED Moratalaz porque la echaba mucho de menos. Experto en estas lides, pues ya ocupó este cargo en el antiguo Club Deportivo Moratalaz antes de la fusión, ha vuelto a encargarse del área disciplinaria, en la que disfruta a pesar de lo conflictiva que puede llegar a ser. Nacido en Madrid hace 53 años, solo estudió hasta bachillerato, lo que no le ha impedido llegar a ejercer como director de zona de un equipo de comerciales de la multinacional AXA. Amante de todos los deportes, practicó fútbol cuando era joven, y ahora se ha decantado por el baloncesto, la natación y el pádel. Socio del Real Madrid desde hace más de 35 años, está casado, tiene dos hijos y no se cansa de repetir una y otra vez que el deporte hace pensar de otra manera.

“Reflexionar no es ser blando, es dar la oportunidad a que se expresen; todos tenemos derecho a equivocarnos y a reconocer nuestros errores”

¿Por qué dejaste de ser directivo hace un año y ahora has regresado a la junta directiva de la ED Moratalaz?

Las circunstancias laborales por las que pasaba no me permitían dar todo aquello que creía que tenía que dar a la Escuela. Siempre he tratado de convencer a los padres de los jugadores de que en esta organización hemos montado una estructura que nos permite dar un poquito de nuestro tiempo. Es decir, participamos de una manera en la que hay muchas funciones delegadas, y esto permite a algunos dedicar menos de lo que se supone desde fuera. Hemos creado una  estructura muy activa, que funciona con muy poquito tiempo de algunos directivos, como yo, y más dedicación del presidente y vicepresidentes, aparte, por supuesto, de los componentes del equipo técnico. Cuando intento convencer a determinados padres para que trabajen en la directiva y colaboren con esta Escuela, siempre hago referencia a que ocupa poco tiempo. Y claro, utilizar el argumento contrario para dejarlo yo definitivamente no tenía peso. Aparte, echaba muchísimo de menos trabajar en la Escuela en muchos más sentidos. Esta Escuela me ha dado mucho en aspectos personales y me costaba muchísimo olvidarme de mi participación.

 

¿Cuánto tiempo has estado fuera?

Un año. Hace un año tuve un cambio laboral importante que me ocupaba, y me sigue ocupando, mucho tiempo. Pero siempre se puede sacar más para echar una mano, que es de lo que se trata.

 

¿Qué hacías antes en la Escuela y que haces ahora?

Llevo en esta Escuela desde que se fusionaron la Unión Deportiva Moratalaz y el Club Deportivo Moratalaz, que era donde me inicié como directivo. Era el padre de un chaval que jugaba allí, y Miguel Ángel Manzano, que era el presidente de ese club, nos animó a varios padres para que entráramos en la directiva. Seguidamente se produjo la fusión, y desde entonces he estado en diferentes puestos en la junta directiva. Al principio, la estructura era muy pequeña y hubo momentos en los que había que hacer de todo, desde repartir bocadillos en la fiesta hasta ejercer en un momento puntual y delicado de vicepresidente deportivo. A esto le dediqué poco tiempo, pues creía que para esas funciones había otros más preparados. Luego pasé a llevar el tema que me interesó muchísimo y que lo hemos instaurado en esta Escuela como algo prioritario, que es el asunto disciplinario, el de la convivencia en la Escuela. Para mí siempre ha sido vital, y mis compañeros de la junta me han apoyado mucho y me han dejado trabajar, incluso colaborando activamente. Acabé el año pasado ejerciendo esa función y vuelvo a ella, pues he comprobado que  la siguieron considerando fundamental.

 

¿Cómo definirías tu experiencia tras nueve años en esta Escuela?

Espectacular. Uno entra como padre de un jugador y hacerse directivo supone un sacrificio si eres consciente de lo que vas a hacer. Y lo digo porque deja de alguna manera de ser tu hijo. Si eres directivo, tienes que asumir que él no puede tener ningún privilegio y que lo que hagas es para la comunidad de jugadores. Por eso estoy muy orgulloso de que mi hijo asumiera ese papel. El que yo fuera directivo no es que le perjudicara, pero no le reportaba ningún beneficio.

 

¿Ha cambiado mucho la Escuela desde que entraste a como está ahora?

Sí, claro, claro. Aquello no tenía nada que ver con esto. Éramos un club de barrio, aunque con las mismas intenciones que ahora, desarrollar en el barrio una convivencia con el protagonismo del fútbol. Pero hemos crecido tanto, que al final esto se ha convertido en algo muy importante. Antes llegábamos a una serie de chavales del barrio, y hoy lo hacemos a un número muy importante de chicos de este barrio y de otros. Con el mismo concepto, la diferencia está en el número de chavales.

 

¿Cuál es tu objetivo en la ED Moratalaz?

Que los chavales puedan desarrollarse como personas. Y creo que en esto tiene mucho que ver el tema disciplinario. El fútbol no tiene que ser la única vía para desarrollarse en la vida, sino un argumento más, que sumados a otros más importantes y principales, sirvan para completar a la persona. Hay muchos papás que creen que su hijo tiene un futuro profesional en este deporte y parece que ese es el motivo para apuntarles en la Escuela, pero este es un concepto equivocado. El objetivo debería ser, con la excusa del fútbol, crear una persona que sea profesional en cualquier otra actividad. El fútbol da mucho juego para el futuro, y si ese es el concepto por el que un hijo desarrolla aquí el poco tiempo que le dedica por las tardes, pues es acertado. Quien lo considere como una inversión de futuro en el fútbol se equivoca del todo. Sin ninguna duda.

 

¿Qué es lo mejor de esta Escuela?

Podría decir muchas cosas. Pero para mí, y es básico para seguir, las personas con las que trabajo. El presidente, que nunca quiere aparecer, pero siempre está, es fundamental. El que él diera un paso adelante en un momento determinado de crisis para ser presidente fue fundamental para que yo continuara en la Escuela. También hay que destacar al resto de vicepresidentes y vocales, incluso a muchos de los que han estado y ya no están. Luego, nos hemos rodeado de un equipo técnico maravilloso, no solo por su juventud, sino por sus conocimientos y por sus ideas innovadoras, que coinciden totalmente con la idea de la Escuela que quiere desarrollar la directiva. Esto es básico, si no, no perduraría. Ellos son los que realizan el trabajo más duro. Ellos sí que tienen una dedicación absoluta y extraordinaria, no como los directivos. Nosotros dedicamos nuestro poco tiempo libre a controlar el desarrollo de la Escuela y, por supuesto, a que se consigan los objetivos en el mejor ambiente posible.

 

¿Qué es lo peor? O si quieres que te lo pregunte de otra manera, ¿qué cambiarías?

Siempre se pueden cambiar cosas. Y es algo que debemos hacer, debemos ser autocríticos. No se puede vivir constantemente en una situación placentera. Hay que trabajar mucho y corregir muchos errores que se cometen. No somos profesionales de esto y los errores que se comenten no son fáciles de resolver, pero hay que hacerlo. No voy a enunciar errores, porque no viene al caso, pero es cierto que todos los días nos enfrentamos a errores e intentamos corregirlos de la mejor manera posible.

 

¿Empezaste a ser directivo cuando llevaste a tu hijo a jugar al CD Moratalaz?

No, mi hijo comenzó a jugar mucho antes, en benjamines. Nos pidieron la misma colaboración que yo pido hoy a muchos padres en reuniones. Acepté porque me parecía ilusionante, y creo que fue buena idea.

 

¿Qué es lo que más te gusta de lo que haces en la ED Moratalaz?

Dedicarme al tema disciplinario de la forma que lo hacemos.  Nosotros trabajamos una serie de aspectos que generan unas condiciones de comportamiento que creemos básicas. Estamos detrás de todos aquellos jugadores, entrenadores y, por qué no, directivos, que coloquialmente se salen del tiesto. Ellos dicen que se les va la olla, pero lo que hacemos para recuperar la olla es hacer reflexionar al jugador, entablamos una conversación con él, le dejamos que se exprese y que vea que lo que ha hecho no está bien y no le ayuda ni a él ni al equipo. Intentamos que reflexione y que se dé cuenta de por qué ha hecho algo que no debía. Y lo que más me satisface es que, normalmente, al final de la conversación es el propio jugador el que reconoce y estima casi que la sanción que le ha impuesto la Federación es justa de alguna manera. Y que incluso la sanción que la Escuela le pueda incrementar no le viene mal. En ese trato con el jugador es fundamental que no lo considere un castigo, sino un error.

“Mi objetivo en la Escuela es que los chavales puedan desarrollarse también  como personas”

¿Y qué es lo que menos te gusta?

Pues que al final, en algunos casos hay momentos determinados en los que tienes que sancionar al jugador. Esto me gusta menos, pero como el fin es positivo, que es buscar una reflexión del jugador, no tienen por qué ser tan dramático. Hay pocas cosas que no me gusten de lo que hago aquí. Aunque te diría que lo peor es conversar con padres que están totalmente obsesionados con que sus hijos vienen aquí a desarrollarse profesionalmente. Eso es complicado, además de insatisfactorio, porque en algún caso parece una obsesión

 

¿Cuál ha sido tu mayor satisfacción aquí?

No voy a dar nombres, pero reconducir a algún chaval que parecía perdido. Hemos tratado determinados casos que tenían problemas sociales importantes y que disciplinariamente han creado situaciones muy complicadas. Reconducir esas situaciones y ver cómo ese jugador se ha desarrollado como persona en la Escuela, y seguramente fuera de ella, es la mayor satisfacción que recuerdo.

 

¿Y el mayor berrinche?

Una vez que dimos un paso muy importante en la Escuela, al pasar de ser pequeños a mucho más grandes, nos vimos avasallados por la cantidad de jugadores que manejábamos. Por eso decidimos en la directiva que había que reducir la capacidad de la Escuela. No nos veíamos capacitados para dar entrada a todos los jugadores que lo solicitaron. Hubo un momento en el que nos daba miedo crecer tanto y pensamos que había que reducir el número de jugadores. Esto suponía comunicarle a algunos jugadores que tenían que abandonar la Escuela. Dimos ese paso y nos creó un conflicto con algunos padres. Tras reunirnos con ellos, nos dimos cuenta de que tenían razón y nos demostraron que no se merecían ser excluidos de la Escuela y que no podíamos ser cobardes. Decidimos cambiar de opinión y dar el paso para ser una gran escuela, asumimos la responsabilidad de ser más grandes. Aunque fue un momento muy desagradable, porque fue muy tenso, nos enseñó que había que crear recursos para que la mayoría de chavales tuviera cabida en este magnífico proyecto.

 

¿Dicen las malas lenguas que eres muy blando con los chicos?

(Se ríe). Evidentemente, son malas lenguas. Ahora en serio, aquí no hay malas lenguas. Hay lenguas que, efectivamente, consideran que las cosas se pueden hacer de otra manera. Reflexionar no es ser blando, es dar la oportunidad a que la gente se exprese. Todos tenemos derecho a equivocarnos y a reconocer nuestros errores, incluido yo. Por tanto, lo que doy es margen a la reflexión. Eso no es ser blando, es ser justo.

 

¿En líneas generales, cómo reaccionan los jugadores ante tus decisiones sobre sus sanciones?

Muy bien, excepcionalmente bien, mucho mejor de lo que la gente se imagina. En infantiles y cadetes, que todavía son críos, reaccionan muy bien, y siempre y cuando no estén delante los padres, es lógico. Para esas cuestiones son autosuficientes, reconocen mejor las cosas si se las dice la Escuela que si está el padre delante y se acaba convirtiendo en un defensor innecesario del chaval. Aquí no acusamos de nada, solo hacemos reflexionar, y a veces los padres se convierten en abogados de algo que no procede.

 

¿Y entre los juveniles y aficionados?

Estos ya son más mayores, y el que hace algo, no es que lo haga a conciencia, pero le cuesta más reconocer que se ha equivocado. Pero al final, lo suelen reconocer, sobre todo, los que ya llevan tiempo en esta Escuela. Al final será una característica de los miembros de esta Escuela el ser reflexivo y consecuente con sus actos.

 

¿Cuéntame alguna anécdota graciosa de estas conversaciones con jugadores sancionados?

La frase recurrente que casi todos utilizan, ‘es que se me ha ido la olla’, me hace mucha gracia. Hay frases hechas en el fútbol como esa o la del papá que te dice: ‘yo sé que mi hijo no es Messi’. Efectivamente sabe que no es Messi, pero espera un profesional detrás, porque cuando continúa la conversación ves que tiene la ilusión o intención de que llegue a algo en este deporte. Todos se justifican con frases hechas, muchas de las reacciones de los chicos son provocadas por las actitudes y manifestaciones de los profesionales, imitan lo que ven en la prensa. Esto termina siendo hasta gracioso. Imitan una forma de ser que no es la suya en realidad.

 

¿La ED Moratalaz es una escuela problemática? ¿Sufre muchas sanciones?

No, al contrario, con lo grande que es, lo sorprendente es que tengamos más tranquilidad que clubes mucho más pequeños. Creo que esto es así porque todos estamos en la misma línea, técnicos, directivos y, por supuesto, jugadores. Los chicos que llevan tiempo aquí están tan aburridos de oírnos que esta es la línea que defendemos, que acaba siendo muy fácil que la asuman. Una mala reacción en un partido crece muy rápido, como la mala hierba, y provoca una reacción en cadena, pero dura poco, porque lo tratamos a tiempo y con cabeza cuando se enfría. En general, para lo grande que es esta Escuela, vivimos la tranquilidad que deseamos.

 

¿Cuándo a un jugador se le aumenta el castigo que le ha impuesto la Federación se le sanciona doblemente?

Realmente se dan muy pocos casos en los que aumentemos las sanciones. Cuando me doy cuenta de que un jugador reconoce su error, es difícil aumentarle la sanción. A veces te ves obligado por precedentes anteriores, pero siempre he dicho que nadie debe poner como ejemplo una sanción. No quiero estandarizar las sanciones. Cada caso y cada chaval son diferentes. Aquí incluso se ha sancionado más a un chaval que no es polémico que a uno que sí lo es. Cada uno tiene un trato propio. Esto se podría considerar injusto, pero si se profundiza en cada caso, se ve que es necesario.

 

¿Esta política de sanciones ha resultado efectiva?

Sí, al final la que no suele resultar efectiva es la de la Federación. Sé que aplicar en la Federación lo que aplicamos nosotros aquí no sería viable, pero creo que somos más efectivos que ellos. Hacerle reconoce al jugador su error es efectivo, porque le haces reflexionar, que es de lo que se trata. Tres o cuatro partidos de sanción, más que hacerte reflexionar te fastidia, pero no logra lo que nosotros conseguimos con la reflexión.

 

¿Y aumentar las sanciones tiene efecto?

Ya te digo que se ha dado en muy pocas ocasiones. En los casos estrictamente necesarios, como al final el jugador reconoce su error, no lo toma mal. Sobre todo es efectivo de cara al resto. Hay muchas veces que se invita a los capitanes y se les pide que expliquen dentro del vestuario por qué hemos tomado la decisión, y los sancionados suelen pedir disculpas a sus compañeros y aceptan que han sido sancionados casi con su beneplácito. Hay una comunicación que trasladan al equipo, porque no pretendemos trabajar solo con el que se ha equivocado, sino con todo el conjunto, pues todos saben que se pueden equivocar en algún momento. Con esto hacemos un trabajo de prevención, pues evitamos muchas sanciones posteriores por el trabajo que llevamos a cabo con los que comenten errores.

“El objetivo es el mismo que hace 9 años: desarrollar chicos como personas con la excusa del fútbol”

Le gustan todos los deportes, y aunque comenzó jugando al fútbol, hace años que se pasó al baloncesto. Además, hoy también practica natación, runnig y pádel. Comparte el estilo combinativo  que se practica en la Escuela porque es el más vistoso.

 

¿Has jugado alguna vez al fútbol?

Sí, he sido jugador. Como aficionado jugué en ligas de empresas, pero enseguida me encaminé por el fútbol sala, que es más para veteranos. He vivido como jugador y así se les entiende mejor.

 

¿Y entrenador?

Nunca, aunque he llevado equipos en mi trabajo, pero como entrenador, no.

 

¿Tienes algo que ver con el estilo de combinación que se practica en la ED Moratalaz?

Como el fútbol me encanta y el toque me encanta, pues sí me gusta. Pero si hubieran apostado por otro tipo de juego, no hubiera pasado nada. El fútbol es, insisto, un medio perfecto para desarrollarse también como persona, y aquí entran muchas variantes.

 

¿Compartes ese estilo de juego?

Sí, claro, porque es mucho más atractivo para el que lo ve y divertido para el que lo practica.

 

¿Se ganaría más si se jugara de otra forma?

No lo he pensado. En la directiva soy de los que no se fijan en los resultados. Creo que lo que desarrollamos es otra idea. Soy aficionado al fútbol y sé que el resultado es el condicionante al que más trascendencia se le da, pero creo que en una Escuela deben primar otros conceptos diferentes al de ganar o perder, por supuesto con matices.

 

¿Cuál es el principal reto que tiene la ED Moratalaz por delante?

Continuar con lo que estamos haciendo. Es un trabajo que hay que hacer perdurar en el tiempo. Se está trabajando bien y hay que corregir errores, pero con el mismo objetivo que nos marcamos hace nueve años: desarrollar chavales como personas con la ayuda del fútbol.

 

¿El cambio político en el Ayuntamiento va a afectar algo a la ED Moratalaz?

No me corresponde decir si hemos avanzado en este aspecto porque no estuve en la última conversación. Pero por lo que nos comentaron mis compañeros en la última junta directiva, nos dieron la oportunidad de expresarnos y contarles lo que hacemos aquí. El resultado se verá con el tiempo. Esta oportunidad también la tuvimos con la anterior concejalía, y no debieron entender que lo que ofrecemos es un claro servicio a la comunidad. Siempre decimos lo mismo, contamos lo que hacemos y lo que queremos hacer. Nos da igual qué políticos estén gobernando, no lo hacemos por ellos, sino por los chavales del barrio.

 

¿Qué imagen tiene la ED Moratalaz fuera?

Creo que, en general, buena. Lo notamos. Gracias a nuestros técnicos, que tiene muy buenas relaciones con otros equipos, y al buen trabajo que se hace de comunicación, tenemos una imagen muy buena, de lo que me siento muy orgulloso. Incluso en este tiempo que no he estado en la Escuela he enseñado a mucha gente de fuera lo bien que se trabaja en ella.

 

¿Por dónde pasa el crecimiento de la Escuela?

Más que crecimiento en volumen, apostaría por crecimiento en calidad. El volumen se te acaba yendo de las manos. El crecimiento tiene que tener un límite. Hay que abarcar lo máximo posible y dar cabida a todo chaval que quiera jugar en la Escuela, pero sobre todo tenemos que seguir esforzándonos para que los objetivos marcados se vayan perfeccionando y mejoremos la calidad.

 

¿Es una escuela con mucha o poca burocracia?

No somos una empresa, aunque aplicamos conceptos como sí lo fuéramos. Tenemos un engranaje técnico-deportivo-organizativo en el que delegamos mucho. Creo que apenas hay burocracia, somos un ejemplo de lo contrario por la sencillez de la estructura.

“Algunos padres deberían elegir otro momento para ser protagonistas”

Define a la junta directiva que pertenece como homogénea en los objetivos, pero a veces divergente en las opiniones. Asegura que no necesita dedicarle mucho tiempo a la Escuela y que la relación con los padres no le supone ningún problema.

 

¿Es una junta directiva homogénea o diverge mucho?

Es homogénea en el objetivo, pero diferimos en algunas opiniones. Esto es necesario e imprescindible, pero sabemos discutir y conciliamos las opiniones. Hay discrepancias, pues individualmente nos expresamos como queremos, incluso podemos debatir llegando incluso a la discusión. Pero al final, la idea que se fija es apoyada por todos, incluso por los que opinaban de forma diferente. Hay homogeneidad en el apoyo a las decisiones tomadas.

 

¿Cómo se solucionan las divergencias cuando las hay?

Hablando y escuchándonos. Al principio, cuando nos fusionamos, había determinados miembros que no lo entendían así y se creaban discusiones estresantes. Había juntas que terminaban a las doce de la noche y no había acuerdo. Veías que no había voluntad de llegar a acuerdos.  Ahora no pasa. Por mucho que discrepemos, el grupo de personas que integramos la junta tenemos claro el tronco común y las discusiones acaban pacíficamente cuando tomamos la decisión. Y eso lo permite mucho el presidente, que es dialogante y delega mucho. Ahora nuestro grado de opinión es muy similar.

 

¿Cuántas horas le dedicas a la Escuela a la semana?

Menos de las que deseo. Son sobre todo horas nocturnas. Las actas de los partidos las reviso el lunes y con Paco, uno de los vicepresidentes, lo trabajamos el martes.  Pero insisto, no es preocupante que la directiva le dedique más o menos tiempo, porque la estructura creada lo permite.

 

¿Más de quince horas?

Eso es mucho. Son muchos años colaborando en crear esto y no puedo dedicarle más tiempo, ya quisiera. Pero me considero un complemento para el resto de directivos que dedican mucho más tiempo a la Escuela y son gente que está pensando todo el día en ella. Por eso me permito ser de los que menos tiempo le dedica.

 

Como la compensación a este esfuerzo no es económica, ¿cuál es?

Trabajo en una empresa por dinero para poder vivir. Pero trabajar por nada material también se lo recomiendo a todo el mundo, evidentemente a todo aquel que tenga un trabajo remunerado. Pero si tienes trabajo y dispones de la posibilidad de colaborar con cualquier organización sin ánimo de lucro, la satisfacción es indudable, de verdad.

 

¿Da más alegrías o quebraderos de cabeza?

Más alegrías. Si no me las diera, no estaría. Si no, sería una tortura, y no lo es.

 

¿Lo más delicado es la relación con los padres?

Como también soy padre, les entiendo. No me causa ningún problema, me gusta hablar con ellos. Pienso que son parte muy importante de esta Escuela, aunque algunos deberían elegir otro  momento para ser protagonistas. Los que lo hacen aquí se equivocan. Son fundamentales en  la educación de sus hijos y deberían considerarnos una parte, aunque pequeña, de esa educación. Que participen cuando realmente se necesite. No es necesario estar continuamente detrás del chaval. Que nos los dejen ese ratito por las tardes en nuestras manos y ya llegará el momento en el que ellos tendrán que intervenir. De verdad, que confíen en nosotros y en todo el equipo de la Escuela.

 

¿Hasta cuándo aquí?

Ya le dije una vez al presidente que yo tenía fecha de caducidad. Pero si me he ido y he vuelto, ya no sabría decirte. Pero encantado de no saberlo.

 

¿Cómo te gustaría que te recordaran?

No como Carlos Gil directivo, pues no quiero ningún protagonismo. Quiero ser un directivo anónimo, como deberían serlo todos los que están. Eso sí, que se recuerde siempre que aquí trabaja gente que defiende una idea que ayuda a muchos chavales a desarrollarse por medio de uno de los deportes más maravillosos que existe. Y por eso desde aquí animo a los padres de esta Escuela a que sean directivos anónimos, aunque sigan siendo padres de jugadores de la Escuela.

Ajax Spinner